Los objetos digitales son objetos físicos

Habría casi una paradoja: hace 10 años quemamos los objetos, nos imaginabamos ya virtuales en los 10 años siguientes, seres etéreos e inmóviles, sin cuerpo tal vez, viviendo en realidades cerebrales, y hoy los hackers de antes se vuelven makers y dejan sus ordenadores para usar impresoras digitales y fabricar objetos.
¿Qué habrá pasado? ¿Será que había que pasar por lo digital para volver a lo físico, para acordarse de lo real, acordarse de lo bueno? ¿Será que finalmente no habrá revolución ninguna? O ¿será más bien que las realidades son más matizadas y que en ciertos sectores empezamos a entrar en una época de más madurez dónde la forma de los objetos nuevos empieza a dibujarse?

Hace meses, leí el libro de Neil Gershenfeld When things start to think publicado en 1999(!). Me quedé sorprendida por los desfases del tiempo de la innovación que yo había sufrido. Obviamente hace 10 años no me interesaba todavía este tipo de asunto. Obviamente 10 años de distancia informacional no está tan mal en comparación con los siglos o directamente con las ausencias de transmisión de la información de los siglos pasados – me refiero a la evolución de las distancias y por lo tanto de las distancias informacionales a lo largo de la historia- . En este libro, el entonces director del Media lab del MIT, tenía una visión clara y humanista de la tecnología: no debía forzar, desvalorar, disminuir ; al contrario, debía ayudar, mejorar, aumentar. A pesar de una visión positivista a veces contestable, sabía ya, por verlo en el Media lab, que lo digital entraría en los objetos muy lejos de las fantasías de desencarnación.
Hace unos días, conocí el trabajo de Marius Watz: una librería que permite imprimir en la thing-o-matic formas complejas programadas en Processing. Processing como la thing-o-matic tienen la particularidad de ser técnicas del boceto, es decir que permiten explorar, modificar, retomar, y sobre todo ver, casi en tiempo real, los cambios hechos. Los dos también han sido pensado para democratizar uno la programación y el otro la impresión 3D y hacerlas accesibles a todos. Los dos son herramientas abiertas. Contestando a la misma lógica de producción, se completan: la programación empuja las capacidades de la máquina – lo que de otra manera no hubiera sido posible -, la impresión permite la concreción de la programación. El objeto que sale no es exactamente igual que lo hubiera podido ser antes de la revolución digital. En realidad, en la era industrial, semejante objeto nunca hubiera podido ser construido porque no hubiera podido ser una producción de masa. La propia Thing-o-matic es hija de lo digital: controlada por ordenador, hecha con un Arduino, también programada con Processing, y sobre todo, abierta y personal, teniendo a su alrededor una comunidad.
Cuando preguntamos a Marius que significaba para él poder imprimir sus piezas, explicó que era casi ideal ya que llegaba a realizar sus ideas, a hacerlas reales.
Cuando preguntamos a Bre Pettis de Makerbot Industries qué pasaba cuando una pieza se imprimía, nos dijo que pasaba algo mágico.
Cuando hacemos talleres o presentaciones, la impresión siempre despierta un inmenso entusiasmo que nosotros incluso seguimos sintiendo.
¿Qué significará entonces este deseo de lo físico?
La pregunta merecería más reflexión e intentaré profundizarla en otro post, pero en suma creo que lo digital, considerado como aislado, sólo es el principio del cambio, en otras palabras es la señal de la inmadurez. El lenguaje de la innovación radical esconde a menudo la incapacidad a analizar lo antiguo y rechazarlo enteramente sirve entonces a conseguir más facilmente un espacio de visibilidad corriendo dónde no está nadie, pero dónde tampoco hay nada. El objeto digital pero físico me parece en cambio ser verdaderamente un paso más: no un paso hacia un delante lineal, inaccessible, siempre deseperante y algo mórbido, sino una paso más dentro de las ramificaciones que conlleva un mundo digital que construimos, un paso más en la creación ya que permite hacer físicas realidades que hasta ahora sólo eran digitales, y un paso más para la integración social de lo digital.
El objeto digital pero físico asume las particularidades humanas de tener cuerpo, de evolucionar en un entorno finito, y de querer crear, es decir de actuar sobre este entorno.
La impresión 3D es por lo tanto un paso más en lo digital cuya emoción proviene sin duda de la visión clara, que nos proporciona el momento de la impresión, de nuestro poder de creación que se manifiesta haciendo.

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